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Elogio de la ignorancia

2016-06-15

Cualquiera que haya estado en un curso de Baketik nos ha tenido que oír eso de que “somos limitados”. Es decir, que las personas somos imperfectas, efímeras; que hacemos daño; que nos hacemos viejas y morimos; que no tenemos la verdad absoluta, y que no tenemos respuesta a la mayoría de preguntas. “Obviamente”, diréis, pero la verdad es que se nos olvida más de lo que creemos.


Un ejemplo de negar nuestra condición limitada lo tenemos en las declaraciones públicas de muchos representantes políticos. En estos tiempos en los que se la desafección hacia ellos está al orden del día, al parecer la ciudadanía les ve lejos, desconectados de ella. Quizás la falta de humildad pueda ser una de las causas. Y es que si observamos sus modos de comunicación, veremos esa tendencia a mostrar una naturaliza ilimitada: los candidatos suelen actuar como si tuviesen la solución a todos los problemas; muestran una imagen de ganador, con afirmaciones del tipo “cuando sea presidente”; dan a entender que conocen las necesidades de toda la ciudadanía con afirmaciones como “lo mejor para la ciudadanía es esto”… etc. Las actitudes de predecir el futuro y tratar sospechas y opiniones como verdades objetivas están por todas partes, salvando las excepciones.

La realidad es que no tienen la solución a todos los problemas, sino la voluntad de encontrarlas; que las instituciones son tan limitadas como las personas; que no saben si ganarán o no, y es legítimo expresarlo así (“si gano”, en vez de “cuando gane”); que no hay manera de saber qué quiere cada miembro de la sociedad, ya que los votos no vienen acompañados de notas y explicaciones. Podríamos hacer un listado más largo, pero la cuestión es darse cuenta de que es lícito aceptar y expresar las limitaciones. Es más: es necesario hacerlo.


No necesitamos dioses omnisapientes en las instituciones: necesitamos personas. Con su condición limitada y su creatividad infinita, como toda persona sobre la faz de la tierra. Que digan “no lo sé”, cuando en efecto no saben, para seguir mejorando. 


Maialen Lizarralde

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