02 Mar 2010 |
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Extracto de la ponencia de Jonan Fernandez sobre Gandhi en el curso de Calcuta Ondoan: “La India del siglo XXI a debate, una mirada a los derechos humanos, el género y el desarrollo”, celebrada en Donostia, el 1 de marzo de 2010 (…) La mirada más habitual a la figura de GandhiHabitualmente, se presenta la historia de Gandhi como modelo que muestra la eficacia de la noviolencia. Nos interesa Gandhi porque confirmó que la noviolencia puede ser eficaz. Yo creo que este paradigma, aún y no siendo desdeñable, le debilita. Simplifica y reduce el potencial profundo de su mensaje a una mera discusión de pronóstico sobre la mayor o menor eficacia de unas formas de lucha u otras. Lo que Gandhi muestra al mundo es una forma de luchar y mantener la esperanza cuando no hay esperanza. Esta es, desde mi punto de vista, la clave moderna, contemporánea y actual de Gandhi. Solo con el argumento de la eficacia, hoy, su figura no aguanta cinco minutos el contraste con la realidad normativa e impositiva de las injusticias, el hambre o las guerras. Que la lucha de Gandhi fuera más o menos eficaz no es lo importante. Incluso es discutible. Entendámonos; no parece discutible que fuera puntualmente eficaz, pero sí es discutible que fuera definitivamente eficaz vista la posterior evolución de la India y del mundo con la perspectiva del paso del tiempo. La lucha de Gandhi fue eficaz y fue un éxito en un momento efímero, al final de un proceso de lucha. El inicio de una nueva etapa histórica en la India nos devuelve rápidamente al fracaso de una realidad que los humanos no sabemos gestionar ni sostener en la justicia. Aquel éxito efímero de la humanidad encarnado en Mahatma Gandhi se convierte enseguida en un recuerdo, una conmemoración de gran importancia pedagógica y de referencia mundial. Pero, en la conmemoración tendemos a recordar fundamentalmente que aquella lucha fue eficaz, fue una victoria. Recordamos al Gandhi triunfador. Nos acordamos del final feliz de la historia. Esto es normal, pero se queda muy corto. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A la realidad. El contraste de esa mirada con la realidadLa lucha por la justicia no es un camino de éxito en éxito hasta la victoria final. La realidad es otra. La lucha por la justicia y por la paz es un camino sin ninguna seguridad de éxito; al contrario, con muchas probabilidades de no alcanzar el objetivo perseguido. Avanzamos de derrota en derrota, con alguna alegría de vez en cuando y sin seguridad sobre el destino de nuestro esfuerzo. Esta es una de las claves más importantes a considerar cuando se debe afrontar el análisis de la lucha contra la injusticia. Muy probablemente esa lucha no tendrá salida. Si somos realistas, convendremos en que las grandes luchas de la humanidad se enfrentan a escenarios sin ninguna expectativa de alcanzar una solución en el plazo que da una vida. Recorramos, por poner solo un ejemplo, el continente africano. Las luchas que son eficaces porque obtienen un resultado esperado en el tiempo deseado son habas contadas. Somos un poco simples a la hora de analizar las historias. De Mandela vemos la victoria, el triunfo de su causa justa. Ese es el modelo que miramos. Nos olvidamos de sus 27 años de fracaso y de los anteriores, de su lucha contra la desesperanza. ¿Cuando, por ejemplo, llevaba 20 años de cárcel, tendría Mandela alguna expectativa de que aquello cambiaría algún día antes de su muerte? ¿Cuántas veces sintió el fracaso en su interior? ¿Cómo pudo seguir luchando, a pesar de no ver una salida clara durante aquella sucesión larga e interminable de días en el aislamiento de la cárcel? ¿Qué es lo importante para nosotros: fijarnos en el día triunfal o atender a todo lo que le precedió? Las dos cosas, porque también hay que disfrutar y festejar; pero si solo miramos el éxito no aprenderemos nada. Por eso, decía que conviene modificar nuestra mirada a Gandhi o, tal vez, simplemente, ampliarla y ensancharla para ir un poco más allá o más al fondo de lo que aparenta su biografía, vista solo como el simplismo de una historia con final feliz. Otra mirada a GandhiPropongo cambiar de perspectiva. No miremos a Gandhi desde la ensoñación del éxito contra la injusticia, sino desde el lado del fracaso. Es ahí donde necesitamos alternativas. Es ahí donde Gandhi se hace fuerte y tiene algo muy actual que decirnos. No olvidemos que, a lo largo de toda nuestra vida, tendremos que convivir, en mayor o menor medida, con el fracaso en la lucha por la justicia y en tantos otros nobles objetivos personales y sociales. Sin embargo, lo olvidamos. Vinculamos nuestra expectativa de felicidad al improbable logro efectivo de determinados objetivos. Si fracasamos somos infelices, si lo logramos creemos que seremos felices. Pero la realidad se impone drásticamente. Somos de condición limitada y la mayor parte de nuestros sueños no se cumplirán según el ideal imaginado por nuestra mente. Nuestra vida tiene que negociar su felicidad con el fracaso y la frustración de nuestras mejores aspiraciones personales y comunitarias. Ahí está el punto en que Gandhi, Mandela o tantos otros referentes éticos de la historia de la humanidad tienen algo que decirnos. “He tomado sobre mis espaldas el monopolio de mejorar solo a una persona, esa persona soy yo mismo y sé cuán difícil es conseguirlo” Gandhi El gran mensaje de Gandhi tiene que ver, no con el éxito sino con el fracaso en la lucha por un mundo más justo. Más allá de la interpretación superficial de su éxito, nos ofrece una perspectiva nueva para afrontar la realidad de la lucha por un mundo mejor en sus términos más crudos y reales. Gandhi aborda el método de la noviolencia sin saber si tendrá éxito o no. Esto es fundamental para entender el valor de su historia. Ni sabía, ni podía saber cuál sería el resultado de su sacrificio. Me atrevo a decir, que, probablemente, en muchos momentos estaba convencido de que no ofrecería resultados tangibles. La parte importante de su mensaje está en el proceso de gestión del fracaso y no en el resultado final y efímero. “Ante las injusticias y adversidades de la vida... ¡calma!” Gandhi Enseñanzas que cabe extraer desde esta perspectiva de Gandhi¿Cómo sostuvo Gandhi la esperanza contra toda esperanza razonable? Este es el punto determinante. Gandhi desarrolla una esperanza que no está fundada ni en la expectativa ni en la certeza de conseguir unos resultados concretos. Desde mi punto de vista, la fuerza que le mueve se asienta en dos fundamentos que formulo como hipótesis de su principal enseñanza: ·Primero. Incondicionalidad. La esperanza de Gandhi para sostener una lucha contra toda esperanza se asienta en la consideración, respeto y promoción sublime de la dignidad humana como valor supremo. Nada hay en el mundo más importante que el valor de una persona, aunque esta sea mi más feroz adversario. De ahí la noviolencia. Esto tiene en la lucha de Gandhi un valor absoluto e incondicional que está por encima de cualquier consideración de eficacia. ·Segundo. Gratuidad. Lo fundamental de una lucha por un mundo más justo no es vincularse a la expectativa del resultado que se espera conseguir con ella, sino a la convicción profunda del sentido que en sí misma tiene esa lucha, sin saber que pasará. Se trata de una entrega fundada en la gratuidad, no en la expectativa de un resultado o gratificación. Gandhi no sabía cuál sería el resultado concreto de su lucha; pero sabía que tenía sentido con independencia del resultado que obtuviese. Mejorar el mundo, vincularse a la lucha por la justicia es un imperativo del cumplimiento humano. El sentido de la existencia, la construcción personal no es completa sin esta dimensión gratuita de filantropía y altruismo. El proceso de sabiduría personal y colectiva que configuran estas dos claves hacen de cualquier fracaso puntual o aparentemente definitivo un éxito humano cuyo alcance social es imposible de calibrar, pero que es posible entrever en las intuiciones más profundas e íntimas de la persona. Lo fundamental en la lucha por la justicia no es pretender controlar el resultado, sino confiar. Confiar sobre la base de dos experiencias que se elaboran en lo más interior de la persona. Confiar apoyado en la experiencia de la incondicionalidad y confiar apoyado en la experiencia de la gratuidad. “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa” Gandhi Algunas conclusionesDesde mi propio recorrido personal, esto es lo que entresaco como enseñanza fundamental de Gandhi. Encuentro en él una ética de la dignidad humana que se hace sabiduría de vida y hace del fracaso camino de aprendizaje y humanización. Una ética de la dignidad humana que es vivencia sublime y espiritual de confianza en la incondicionalidad del primado de la persona y en la gratuidad del altruismo. Luchar incondicional y gratuitamente por el ser humano y la justicia quiere decir estar dispuesto a hacerlo sin esperar la contraprestación ni la gratificación del éxito. Gandhi logró, probablemente de forma inesperada el éxito de un resultado concreto y puntual; pero sostuvo su lucha sin tener ninguna seguridad del resultado que iba a obtener. Su lucha fue una experiencia de confianza en la incondicionalidad y en la gratuidad de su compromiso. La dignidad humana o la noviolencia vividas como absoluto ético, es decir, como incondicionalidad y gratuidad constituyen finalmente una experiencia de amor profundo que se descubre a posteriori, no a priori. La felicidad del ser humano tiene mucho que ver con el descubrimiento de ese amor. Este es el éxito de los débiles y de los aparentemente derrotados en las luchas perdedoras por la justicia. Este es el premio que convierte el fracaso en victoria. Pero para ello es necesario aprender a elaborar la frustración, la impaciencia o la falta de resultados en un proceso de confianza incondicional y gratuita del compromiso ético. Hoy cualquier lucha por la paz o la justicia que se desarrolla a contracorriente o en condiciones adversas puede encontrar en Gandhi y en otros referentes como él fuente de inspiración para hacer de la desesperanza esperanza. Esto es para mí lo relevante en Gandhi. No nos enseña a ganar, nos enseña a perder. Lo principal no es que triunfa, sino cómo sabe hacer de la derrota un camino de aprendizaje y sabiduría humana para contribuir a hacer un mundo mejor. Podíamos llamar a este aprendizaje la esperanza del insistencialismo ético.
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